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Mi barco y los
reinos afines.
Desde el génesis del
génesis, cuando supongo comenzó todo lo que mi mente prendida a la conciencia que soy es capaz de imaginar, nació la luz que
se creó a sí misma y se extendió en más luz sobre todo lo que ulteriormente se llamó existencia, esa que simultáneamente
se observaba a sí misma en un complaciente estado de creación y aceptación. Fue entonces cuando,
sin pretenderlo, la existencia misma y sus creaciones de creaciones dieron paso a los reinos de reinos o cielos de cielos,
y si hay otro nombre, también vale, pero siempre bajo la omnímoda cualidad de la primera luz, así que nada de lo existente
puede escapar de su cualidad. De tal manera que existimos eternamente y crearemos eternamente desde
el reino o cielo que seamos capaces de crear y sostener, mientras nos confirmamos en la creación. Desde
allí juego al creador.
En un momento de éxtasis veo desde mi barco a un ángel. Lo veo rodearse de una luz azulada, intervenida luego por una
luz rosa que convierte el escenario en una fuga cromática de seductoras tonalidades violetas, la cual sigue
estimulando la ascensión de mi barco a niveles de vibración mucho más alto, vibraciones que me ofrecen unos paisajes mutantes
y muy etéreos, a los que me entrego sin brindar resistencia alguna, porque a fin de cuentas lo que yo creí que estaba creando,
sencillamente estaba creando en mí lo que finalmente yo observo como propio.
Roberto Infante Sttenger

MONTAÑAS
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